Lamb

Lamb (2021)

En el Pixel Independiente siento especial predilección por lo sugerente y lo que quizás no reluce en un primer vistazo, aquello que un espectador habituado a películas más convencionales no tendría en su punto de mira visionar, al escaparse de su concepción. Por tanto, al igual que todas las obras que se reseñan en esta web, Lamb no es la excepción que rompe la regla.

Lamb, que se alzó con el Premio a la mejor película en la última edición del Festival Internacional de Cine Fantástico de Sitges, es una coproducción nórdica a tres bandas entre Polonia, Suecia e Islandia, que nos relata la vida de una pareja de granjeros, cuando un evento inesperado acude a sus vidas.

Al margen de estar ante una gran película en todos los sentidos, soy consciente de que Lamb no es ni será para todos los gustos. En primer lugar, una publicidad en cierta medida engañosa, aparentándola como película de terror al uso, cuando no solo no lo es, sino que además logra alejarse completamente de las producciones comerciales, quizás le causara algunas críticas por parte de los espectadores.

Pero Lamb es lo que es, y no debe esconderse en tráilers altamente preparados que podrían dar lugar a confusión al usuario. Se trata de un film calmado, cuyo mayor halago reside en recrear una atmósfera oscura y malsana, y dejarnos un poso de sabiduría al terminar el film. Porque también, estamos frente a una fábula hecha película, con una moraleja potente que transmitirnos sobre la maternidad y la relación del ser humano con la naturaleza.

Lamb

Se trata de un film calmado, cuyo mayor halago reside en recrear una atmósfera oscura y malsana, y dejarnos un poso de sabiduría al terminar el film. Porque también, estamos frente a una fábula hecha película, con una moraleja potente que transmitirnos sobre la maternidad y la relación del ser humano con la naturaleza.

Uno de mis mayores temores que me recorrían el cuerpo mientras visionaba la cinta era esa incertidumbre sobre el final. La película me cautivaba a cada escena, y tenía miedo que todo culminase de una manera pésima. Por suerte, Valdimar Jóhannsson, que cabe señalar es su debut como director, no solo supo dotarla de un desenlace digno de elogio, sino también sorprendente en todos los sentidos.

Y es que la magia de Lamb radica en no dar todo masticado al espectador, prefiere sugerir a través de sus silencios prolongados, ausentes de música y palabras. Es la escena la que habla y no los personajes. Es por ello, que no es de extrañar que la película llegase distribuida por A24, caracterizada por seleccionar sus obras con un marcado componente artístico en sus entrañas, y dotadas de una sutileza y elegancia propia. Lamb cumple todo esto, trasladándonos a la pantalla un maravilloso cóctel de cine dramático y fantástico que, en malas manos, perfectamente podría haber corrido el riesgo de caer en lo cómico o absurdo.

En cambio, es una obra que consigue rebasar la barrera de lo fantasioso y, de alguna forma, se convertirse en algo real en nuestras cabezas, para deleitarnos con una propuesta que, si bien en contenido puede resultar menos novedosa, en formas sobrepasa lo convencional, estableciéndose como un visionado obligatorio para cualquier amante del cine.